Para una mirada feminista materialista sobre el queer.
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Fuente: http://www.cairn.info

Intercambios entre una feminista radical y un hombre antimasculiniste

Sabine Masson, Léo Thiers-Vidal [*]

Ahí tienes un diálogo inusual en el cual interrogador y cuestionado no dejan de intercambiar sus papeles. Conclusión de la mujer como el hombre, el pensamiento dicho “queer” los desafía, y también los molesta y explican aquí las razones.

Léo Thiers-Vidal: ¿Para ti, el queer se define contra la feminismo?

Sabine Masson: Veo de verdad en el centro del queer una nueva manera de rechazar las categorías binarias de sexo, así como una nueva problematización de las sexualidades que ponen estas categorías al reto. El queer remite “a un conjunto de discursos y prácticas asociados a la transgresión de las fronteras de la diferencia de los sexos y del hétéronormativité. […] Ser queer […] es mezclar las clases [1]”. De ahí el peso en la teoría queer de la crítica post estructuralista del concepto de clase contra su tendencia creciente a confundirse con “sexo” y que deja en la sombra las prácticas y discurso du/sur el cuerpo que rompe esta correspondencia [2]. Esta crítica de la clase se incorpora a la del hétérosexualité: el análisis de la masculinidad y la feminidad se estructuró en torno a la aceptación social del hétérosexualité como la norma de las relaciones humanas [3]. La teoría queer se crea contra todo essentialisme de las categorías, por su insistencia sobre el aspecto performatif de las prácticas del cuerpo y los discursos que reivindican “de elegir su clase [4]”. El queer señala pues una fuerte ruptura con la feminismo, puesto que relativiza mucho muy la idea de uno vivido común a las mujeres. Una cuestión que me parece demasiado a menudo última bajo silencio es: ¿con qué feminismo o qué uso de la clase el queer rompe? Se trata generalmente de la “feminismo académica” o de la clase “canonizada [5]”, en un contexto anglosajón que integró teórica y políticamente la crítica feminista.

L.T. - V.: ¿De dónde viene según ti el queer con relación a la feminismo?

S. Sr.: En primer lugar, pienso que la teoría queer encuentra un origen en la crítica de la opresión hétérosexuelle y en la reciente historia de los movimientos sociales: a través de la alianza de una parte de las lesbianas a los gays - a raíz de su opresión/marginalización en el movimiento feminista - en una lucha contra una sociedad homo/lesbophobe y contra el control del cuerpo y la vida de las personas homosexuales afectadas por SIDA [6]. El queer se elevó también contra los aspectos ideológicos de la opresión hétérosexuelle, en particular, contra la percepción centrada hétéro con mucho de los estudios y teorías feministas. Pienso también que el queer es resultante del contexto más específicamente teórico y literario del post estructuralismo norteamericano, que hace hincapié en la fragmentación de las categorías y el análisis de los discursos relativos. Estas corrientes encuentran una inspiración filosófica central en el análisis foucaldienne del discurso, en lo que normalizó y fija los comportamientos (hétéro) sexuales, y producen el poder. Ésta se basa en el rechazo de una concepción del poder como “oposición binaria y global entre los dominadores y dominados [7]” y los incita “a la autocrítica de las identidades y discurso que adoptamos como parte de n hueso luchas [8]”. Más ampliamente, coloco el queer en un extenso contexto ideológico se caracterizado por el rechazo del análisis en términos de informes sociales y que presupone el final de la modernidad, clases, utopías, del trabajo, y ahora: ¡de la clase! No es una casualidad si el queer se distingue de los estudios gay y lesbianas y de las “políticas de la identidad”, que pusieron el acento desde el principio de los años setenta sobre la defensa de los derechos de las homosexuales, y pasa al análisis de la lengua y los discursos que producen un conocimiento y de las prácticas en torno al sexo [9].

S. Sr.: ¿Del pensamiento feminista radical, percibido como “anti MET”, o del queer, el cual te parece pertinente para un trabajo masculino sobre la opresión de las mujeres?

L.T. - V.: Una de las lecciones principales de que se me enteró mi implicación con feministas y lesbianas radicales es tomar conciencia de mi posición sociopolitique, específica y estructural de hombre heterosexual y sus implicaciones psicológicas, epistemológicas, sociopolitiques inevitables [10]. Mi educación participativa para la soberanía masculina me permite tener una percepción y acción misógina, de las herramientas de dominante, y un lugar material privilegiado. Mi educación hacia y asimilación del hétérosexualité/socialité acabaron esta posición social de dominante. La feminismo materialista funciona entre otras cosas como un espejo que refleja mi posición material de privilegiado, abriéndome los ojos y las tripas sobre el vivido vinculada a las posiciones supeditadas según el eje de clase luego de raza, de clase… Proporciona herramientas de análisis y lucha concretas, aplicables inmediatamente en mi vivido informes sociales de clase y cuya eficacia se me confirma día tras día. Sin este materialismo, me parece imposible de actuar con pertinencia contra la opresión de las mujeres por los hombres. El pensamiento queer por el contrario no me devuelve hacia una posición privilegiada sino incita por el acento que pone sobre el performativité, la sexualidad, el divagador, a creerse independiente de las estructuras sociales. Como si podía ir hacia dónde bien me parecía, y que casi toda transgresión del orden simbólico hétéronormatif era políticamente pertinente. Como si éramos muy de los átomos libres que sobrevolaban clase, hétérosexualité y opresión de las mujeres por los hombres. Eso no corre el riesgo demasiado de hacer incluir a los hombres que es más bien una restricción de nuestro poder y margen de maniobra que sería necesario…

Lo que me preocupa seriamente, es ver reaparecer una pretensión masculina “pro feminista” que se sirve de la crítica queer del tema “mujeres” para minimizar o rechazar el concepto de grupo social “hombres [11]”, por lo tanto de la opresión genrée. La voluntad de demostrar la existencia de varios ejes opresivos y la necesidad de pensarlos simultáneamente se transforman aquí en negación de una homogeneidad de los hombres bien material y real frente a las mujeres: violencias, apropiación y explotación hétérosexuelle/social, explotación doméstica, androcentrisme epistémico… Esta negación política (que ya se había conocido en su versión marxista que señalaba del dedo a las famosas mujeres burguesas [12]) es reforzada por el acento casi exclusivo puesto por el pensamiento queer sobre los registros de análisis divagador, literario o idéntico que me dejan una impresión de ligereza, de juego. ¿Dónde pues pasaron los fundamentos de la feminismo? Un joven hombre que descubre lo que está en juego sexo/sexualidad/clase a través de una rejilla de lectura queer no corre el riesgo, en mi opinión, de tomar conciencia de la violencia bruta, fundamental y omnipresente que infligen los hombres a las mujeres a través del mundo. No corre el riesgo tampoco de incluir en que el carácter de clase es un lugar de violencia permanente para las mujeres, de ahí la ilusión de poder participar al mismo nivel en las luchas y estudios feministas y no desde una posición social y una opinión problemáticos, de dominante.

L.T. - V.: ¿Qué te aporta el queer como feminista radical?

S. Sr.: La principal contribución del pensamiento queer a la feminismo, mis ojos, es que critica el invisibilisation (hétéro) de la sexualidad y el reproblématise. Si las teorías feministas radicales a menudo han puesto de relieve los vínculos entre la apropiación/explotación de las mujeres y la dificultad al hétérosexualité, sin embargo poco teorizaron el hétérosexualité como sistema de organización social indétachable del análisis del patriarcado. La feminismo, mismo radical, deja así globalmente intacto al “imaginario heterosexual [13]”, en particular, en algunos estudios sobre la división sexual del trabajo [14]. Desde un punto de vista materialista precisamente, esta manera de pensar la clase - y no el “hétérogenre [15]” - sin pensar la sexualidad, ahorro demasiado la ideología y el poder vinculados a la norma hétérosexuelle. En este sentido, encuentro el queer ejes potencialmente inspirando sobre la cuestión de la articulación de poder. Otro aspecto que la estimuló en el pensamiento queer, es que vuelve atenta “al essentialisation siempre posible” de los conceptos, en particular, el de clase. ¿Es solamente porque la palabra se presta bien o más bien porque todo concepto es amenazado por este tipo de deslizamiento? Inclino para la segunda solución. Esta crítica puede pues servirnos para seguir las distorsiones y desvíos de n huesos propios conceptos. Eso recorta una reflexión siempre útil sobre la cuestión de la institucionalización de la feminismo y los estudios clase, y sobre sus posibles inclinaciones ideológicas.

S. Sr.: ¿La crítica queer de las políticas idénticas te inspira en las pistas por la cuestión de la identidad masculina?

L.T. - V.: Me parece que el pensamiento queer y el pensamiento feminista materialista se conceden hasta un determinado punto sobre la cuestión sexo/clase: ni uno ni otro son simplemente natural, evidente, fuera del campo político y social. Si pueden ponerse de acuerdo sobre el hecho de que el sexo “biológico” es una producción política que permite la opresión de las mujeres a través de la jerarquía hétérosociale/sexual, y que la clase sólo es nada de otro una construcción social pues transformable, no parecen ponerse de acuerdo sobre los objetivos políticos de esta transformación. El pensamiento queer me recuerda los análisis en términos de papeles sociales de sexo: si abandonó el concepto de fundamento biológico, borra de manera comparable la cuestión del poder, la jerarquía [16] y los intereses sociales que justifican la adopción de una identidad dominante [17]. No es, por ejemplo, tanto el binarité de clase que me rebela que el hecho de que resulte de actos opresivos y se inscriba en una serie de violencia. A mis ojos, la identidad masculina sólo es nada de otro la forma humana específica que toma la opresión actual de las mujeres por los hombres de ahí mi relativa ausencia de interés para una “transgresión o resignification” de la identidad masculina. Es decir, eso no me interesa de ver multiplicar distintas masculinidades puesto que éstas sólo expresarán distintas maneras de explotar y oprimir las mujeres. ¿Opresión salsa machista, gay, transgenre, genderfuck, vanille-S/M…? ¡No gracias!

Así pues, del lado de los hombres, la toma de conciencia de la posición social opresiva consigue a menudo a reivindicar otra masculinidad. Me parece con todo que tenemos (al contrario de los grupos sociales opresos para los cuales la pretensión idéntica sigue siendo una cuestión de supervivencia) que hacer un camino hacia la denegación de identidad genrée pues la abolición de la identidad masculina. Esta abolición no puede por otra parte sino pasar por la instauración de otros informes sociales que suprimen progresivamente la clase y que crean nuevos ingredientes emparentados humanos. La utopía de la no clase me parece por otra parte bien más radical que la creación de nuevos ingresos “post idénticos”, con ayuda de ingredientes enteramente señalados y estructurados por la opresión de las mujeres por los hombres.

L.T. - V.: ¿Por tu parte, cómo fórmulas una crítica feminista materialista a la teoría queer?

S. Sr.: Lo que me molesta más es que hay la desaparición de la cuestión de la opresión (clase, raza, clasifica) y los informes sociales. La fluidez, o incluso la irrealidad de la clase, y la posible disolución de las identidades por el performativité imaginan el cambio a partir de actos individuales contraculturales [18]. La crítica materialista me parece esencial sobre este punto: el efecto de un desvío o de un réapproriation de las categorías permanece limitado por su contexto social e histórico. Este último desaparece precisamente de la retórica queer, sin embargo claramente alusiva a un medio ambiente urbano norteamericano. ¡Después de un año de trabajo de terreno con mujeres indias en México, experimento un verdadero malestar ante el desfase abierto entre la lucha de estas mujeres para derechos fundamentales y la interpretación de las prácticas S/M como el final de la clase! La inmensa entrada “queer” pone completamente las relaciones de poder y las construcciones divergentes de la identidad sexual en función de la raza o la clase [19]. A rechazar toda referencia a las categorías y grupos sociales, a hacer hincapié en su heterogeneidad y la imposibilidad de generalizar, mantiene también un mito desde el punto de vista de “en ninguna parte [20]” que contribuye al invisibilisation del poder. Otro aspecto que acuso al queer, es que hace el callejón sin salida sobre las contribuciones de la feminismo radical y el lesbianisme radical. La desconexión entre sexo y clase ya está en el centro del análisis materialista del patriarcado y nos permite pensar la variedad de las asociaciones o desvíos posibles entre sexo y clase. En cuanto al lesbianisme radical [21], su crítica del hétérosexualité como sistema básicamente interdependiente de patriarcado le vale una doble marginalización: en el queer y en la feminismo.

S. Sr.: ¿La crítica queer del hétéronormativité te desafía como heterosexual?

L.T. - V.: De nuevo, es aún ante las lesbianas radicales que sigo dibujando más el de confrontación teórica y política. Por ello, mi trabajo consiste sobre todo en arreglar con las mujeres las relaciones íntimas, concretas de tal forma que la asimetría de poder esté reducida, por ejemplo a través de la no cohabitación (reforzando la asunción simétrica del trabajo doméstico, la no invasión del espacio personal de las mujeres, la elección explícita de los encuentros), pero también la no monogamia (cortando brevemente a la apropiación exclusiva, reforzando la independencia emocional y las alternativas emparentadas para las mujeres). Pero el lesbianisme como estrategia política para la abolición de las clases exige más bien que esta adaptación “encendida” del hétérosexualité: el final de las relaciones hétérosexuelles como tales. Ahora bien, a este nivel, queda claro que no tengo (aún?) aceptado perder algunos privilegios en términos de acceso emocional, social y sexual a las mujeres. Pero está bien en estos términos políticos precisos que sigo formulándome lo que está en juego sexo/sexualidad/clase y que la maleabilidad política de los distintos registros humanos me importa: la homosexualidad me interesa en la medida en que representa una alternativa a una esfera crucial de la opresión de las mujeres. En cuanto a las cuestiones vinculadas a la no monogamia, el bisexualité, el S/M o el trabajo sexual [22], me interesan no como “transgresiones o resignifications post idénticos” sino como posibles herramientas de déconstruction de la opresión de las mujeres en sus dimensiones sexuales/emparentadas. Y aunque la sexualidad sea uno de los lugares cruciales de la opresión de las mujeres, no sería necesario olvidar que la opresión de las mujeres por los hombres dista mucho de limitarse a este campo del vivido humana…

S. Sr. y L.T. - V.: Para resumir, si el pensamiento queer nos desafía en su cuestionamiento del hétéronormativité, nos molesta en la medida en que:

1. Desconecta clase de sexo, pero descuida el hecho de que la clase es un sistema político de organización del humanos en opresores y opresas.

2. Trata la dimensión divagador del hétéronormativité como fundamental, y no sus estructuras sociales jerárquicas.

3. Ella sobre visibilise la dimensión sexual en detrimento de otras dimensiones como la división genrée del trabajo, la explotación doméstica, etc, así como los otros ejes de opresión de raza, clase, continente…

4. Carece básicamente de utopía radical y acentúa sobre todo métodos de acción individuales en detrimento de métodos de acción colectivos para la abolición de la clase. •

 

[*] respectivamente doctorante en sociología y doctorant en filosofía política.

[1] C. Santo-Hilaire, “Crisis y cambio del dispositivo de la diferencia de los sexos: mirada sociológica sobre el estallido de la categoría sexo”, en D. Lamoureux, los límites de la identidad sexual, las Ediciones el Barullo, Montreal, 1998, p. 24.

[2] J. Scott, “The milllenium phantasy”, Simposio DER Hans-Sigrist-Stiftung año DER Universität Bern: “Gender, History and Modernitiy”, 1999.

[3] J. Butler, Gender Desorden. Feminism and the subversion of identity, Routledge, New York, 1999. R. Dunphy, Sexual Politics. Año introducción, Edinburgh university cerca, 2000.

[4] C. San Hilario, “la paradoja de la identidad y el pasar a ser-queer del tema: nuevo lo que está en juego para la sociología del día los informes sociales de sexo”, Investigaciones sociológicas, 1999/3, p. 58.

[5] C. Ingraham, “The heterosexual Imaginary: Feminist Sociology and Teorías apagado Gender”, en S. Seidman (eds), Queer Theory/Sociology, Blackwell, Oxford, 1996.

[6] ver, en particular, a D. Halperin, Santo Foucault, Oxford university cerca, New York-Oxford, 1995; R. Dunphy, Sexual Politics…, op. cit.

[7] el Sr. Foucault, la voluntad de saber (Historia de la sexualidad), Gallimard, 1976, p. 124.

[8] Sawicki, in R. Dunphy, Sexual Politics…, op. cit., p. 26.

[9] S. Seidman (eds), Queer Theory…, op. cit.

[10] L. Thiers-Vidal, Informes sociales de sexo y poder. Una comparación de los análisis feministas radicales con análisis masculinos iniciados, memoria de DEA Mujeres/Clase, Ginebra/Lausana, 2001.

¿[11] D. Welzer-Lang, y los hombres? Estudiar los hombres para incluir los cambios los informes sociales de sexo, expediente de habilitación, Toulouse, 1999.

[12] C. Delphy, pensar la clase, volumen 1, Syllepse, 1998.

[13] C. Ingraham, “The heterosexual Imaginary… ”, artículo cit., p. 168.

[14], en particular, en D. Smith, The Everyday World as problematic, Northeastern university cerca, Boston, 1987.

[15] C. Ingraham, “The heterosexual Imaginary… ”, artículo cit., p. 167.

[16] S. Jackson, “teorizar la clase: la herencia Beauvoir”, Nuevas cuestiones feministas, vol. 20, n° 4,1999.

[17] ver a R.W. Connell, Gender and power, Polity cerca, Cambridge, 1987.

[18] E. Glick, “Sex positivo: feminism, queer theory, and the politics od transgresión”, Feminist review, n° 64, spring 2000; R. Dunphy, Sexual Politics…, op. cit.

[19] D. Halperin, Santo Foucault, OP cit.; T. de Lauretis, “Queer Theory: lesbian and gays sexualities. Año Introducción”, Diferencias, vol. 3, n° 2,1991.

[20] S. Bordo, “Feminism, Postmodernism, and gender-scepticism”, en L.J. Nicholson, Feminism/postmodernism, Routledge, Nueva York, 1990, p. 140.

[21] Voir notamment M. Wittig, The Straight Mind and Other Essays, Beacon press, Boston, 1992.

[22] C. Monnet y alii, más allá del personal. Para una transformación política del personal, ACL, Lyon, 1998; G. Pheterson, la prisma de la prostitución, el Harmattan, 2001.