“Queer” es, en inglés, un insulto homophobe.
En los años 80, algunos grupos resultantes de las comunidades gay y lesbianas, después mucho tiempo de haber rechazado el insulto queer, se lo apropiaron de nuevo y lo transformaron en motivo de orgullo. Se proponían así rechazar las políticas sexuales integracionistas (políticas familialistes, pretensión del matrimonio, lógicas comerciales, etc). A partir de este momento histórico, en veinte años, y principalmente en los Estados Unidos, el movimiento queer en gran medida se difundió en un étoilement de corrientes, pensadores, teorías.
Heredero, en particular, de la feminismo materialista, la teoría Queer, construida desde la universidad americana (Judith Butler, Theresa de Lauretis, Eva Kosofsky Sedgwick, Gloria Anzaldua, etc) y a partir de una relectura de autores franceses (como Monique Wittig, Michel Foucault, Gilles Deleuze), déconstruit las clases y los sexos, y llaman a una lectura cruzada de las opresiones específicas (sexuales y raciales, en particular,). Uno de los axiomas de la teoría y el movimiento queer es en efecto que las identidades son construcciones sociales, innaturales, asimiladas a través de repetición: no hay identidad esencial (“no se nace mujer, él se lo pasa a ser se” pensaba a ya Beauvoir, en 1949). Monique Wittig, dados los años 70, había llegado hasta pensar que “las lesbianas no son mujeres”, en el sentido donde no cumplen el papel que la sociedad hétérosexuelle ellos prescriben: “La mujer sólo tiene sentido en los sistemas de pensamiento y en los sistemas económicos heterosexuales”. Por ello el propio hétérosexualité, se vio analizar, no como salida del natural, pero como un régimen político e histórico. Judith Butler, en su obra principal “Desorden en la clase” toma para punto de análisis los drag-queens, y concluido que la clase no tiene original, sino que al contrario, toda feminidad como masculinidad sólo es copia sin original. Seríamos hasta cierto punto de distintos grados, todos travestidos, y la clase se construiría pues, a través de repetición, a la invocación performative “ti es una muchacha, eres un muchacho”. Pero Butler va más lejos, y pone de manifiesto que el propio sexo también se le construye, puesto que él mismo clase, y que no habría verdad predivagador a la carne. La diferencia sexual no sería más que un mito, una construcción ideológica.
Al disolver el binarité de la clase y los sexos, al exaltar la multitud de corporéités posibles, la teoría Queer sacudió los recursos incluso de la feminismo tradicional y su análisis del poder, sin sin embargo retirarse. Se trata entonces para los activistas Queer, de reformular los términos de una lucha contra los sistemas de soberanías (heterosexual, patriarcal, pigmentocratique), de refutar toda “base natural” que legitimaría una acción política y finalmente, en una bonita filiación con Deleuze&Guattari, de desarrollar una política del minoritaria, que sólo podría nunca encontrar final, en perpetuo pasar a ser, desafiando tanto la normalidad el encerramiento en las identidades, pero reafirmando sin cesar, de las posiciones minoritarias como tantas estrategias de lucha, en un contexto político globalizado descartando las singularidades. Aliocha Imhoff & Kantuta Quiros





