El pasar a ser revolucionario y las creaciones políticas - Gilles Deleuze
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fuente: http://multitudes.samizdat.net/Le-devenir-revolutionnaire-et-les.html

El pasar a ser revolucionario y las creaciones políticas
Mantenimiento realizado por Toni Negri por Gilles Deleuze

En su vida intelectual el problema de la política parece haber estado siempre presente. Por una parte, la participación en los movimientos (prisiones, homosexuales, autonomía italiana, Palestinos), del otro, la problematización constante de las instituciones se siguen y se entremezclan en su obra, desde el libro amargo inhala hasta el sobre Foucault. ¿De ahí nace este enfoque continuo a la cuestión de la política y cómo consigue mantenerse siempre allí, al compás de su obra? ¿Por qué la relación movimiento-instituciones es siempre problemática?

Lo que me interesaba, eran las creaciones colectivas más bien que las representaciones. En las “instituciones”, hay todo un movimiento que se distingue a la vez de las leyes, y de los contratos. Lo que encontraba en inhalo, era una concepción muy creativa de la institución y el Derecho. Al principio me interesaba más por el Derecho que a la política. Lo que me agradaba incluso en Masoch y Sade, era su concepción totalmente torcida del contrato según Masoch, de la institución según Sade, informado a la sexualidad. Hoy aún, el trabajo de François Ewald para restaurar filosofía del Derecho me parece esencial. Lo que me interesa, no es la ley ni las leyes (una es un concepto vacío, los otros, de los conceptos complacientes), ni incluso el Derecho o los derechos, es la jurisprudencia. Es la jurisprudencia que es de verdad creativa de derecho: sería necesario que no permanece confiada a los jueces. Ya se piensa a establecer el derecho de la biología moderna: pero todo, en la biología moderna y las nuevas situaciones que crea, los nuevos acontecimientos que vuelve posibles, son asunto de jurisprudencia. No es un Comité de los sabios, moral y pseudocompetente, cuyos se tiene necesidad, sino de grupos de usuarios. Allí se pasa del derecho a la política. Una clase de paso a la política, lo hice por mi cuenta, con mayo de 68, a medida que me pusiera en contacto con problemas precisos, gracias a Guattari, gracias a Foucault, gracias a Elie Sambar. Todo el AntiEdipo fue un libro de filosofía político.

Experimentó los acontecimientos de 68 como el triunfo del Intempestivo, la realización del contreeffectuation. Ya en los años antes de 68, en el trabajo sobre Nietzsche, así como un poco más tarde, en Sacher Masoch, la política se reconquista en ustedes como posibilidad, acontecimiento, singularidad. Hay cortocircuitos que abren el presente sobre el futuro. ¿Y que modifican, por lo tanto, a las instituciones mismas? Pero después de 68, su evaluación parece matizarse: el pensamiento nómada se presenta siempre, en el tiempo, bajo la forma de la contraejecución instantánea; en el espacio, solamente un “pasar a ser minoritario es universal”. ¿Pero es lo que pues que esta universalidad del intempestivo?

Es que, cada vez más, fui sensible a una distinción posible entre el pasar a ser y la historia. Es Nietzsche que decía que nada de importante no se hace sin una “nube no histórica”. No es una oposición entre el eterno y los antecedentes, NI entre la contemplación y la acción: Nietzsche habla de lo que se hace, del acontecimiento mismo o el pasar a ser. Lo que la historia agarra del acontecimiento, es su ejecución en Estados de cosas, pero el acontecimiento en su pasar a ser escapa a la historia. La historia no es la experimentación, es pero el conjunto de las condiciones casi negativas que hacen posible la experimentación de algo que escapa a la historia. Sin la historia la experimentación seguiría siendo indeterminada, inconditionnée, pero la experimentación no es histórica. En un gran libro de filosofía, Clio, Péguy explicaba que hay dos maneras de considerar el acontecimiento, una que consiste en pasar a lo largo del acontecimiento, a recoger la ejecución en la historia, el acondicionamiento y el empudrecimiento en la historia, pero otro a remontar el acontecimiento, a instalarse en él como en un pasar a ser, a renovar y a envejecer en al mismo tiempo, a pasarle por todos sus componentes o singularidades. El pasar a ser no está de la historia; la historia designa solamente el conjunto de las condiciones tan recientes sean, cuyos se se desvía “para pasar a ser”, es decir, para crear algo de nuevo. Es exactamente lo que Nietzsche llama el Intempestivo. Mayo de 68 fue la manifestación, la irrupción de un pasar a ser en el estado puro. Hoy el método es denunciar los horrores de la revolución. No es nuevo, todo el romanticismo inglés es lleno de una reflexión sobre Cromwell muy similar a la sobre Estalin hoy. Se dice que las revoluciones tienen un mal futuro. Pero no se deja de mezclar dos cosas, el futuro de las revoluciones en la historia y el pasar a ser-revolucionario de la gente. No son la misma gente en los dos casos. La única oportunidad de los hombres está en el pasar a ser revolucionario, que puede solo conjurar la vergüenza, o responder al intolerable.

Me parece que Mil de Mesetas, que considero como una de las grandes obras filosóficas de este siglo, son también un catálogo de problemas irresolutos, sobre todo en el ámbito de la filosofía política. Los pares conflictuales proceso-proyecto, singularidad-propenso, composición-organización, líneas de fuga, dispositivos y estrategias, micromacro, etc - todo eso, no solamente sigue siendo abierto pero sin cesar se reabre, con una voluntad teórica inaudita y con una violencia que recuerda el tono de los hérésies. No tengo nada contra tal subversión, al contrario… Pero a veces me parece oír una nota trágica, allí donde no se sabe dónde trae la “máquina de guerra”.

Se me afecta de lo que ustedes me dichos. Creo que Félix Guattari y mí, seguimos siendo marxistas, de dos maneras diferentes quizá, pero ambos. Es que no creemos a filosofía política que no se centraría en el análisis del capitalismo y su evolución. Lo que nos interesa más en Marx, es el análisis del capitalismo como sistema immanent que no deja de rechazar sus propios límites, y que los encuentra siempre a una escala aumentada, porque el límite, es el propio Capital. Mil de Mesetas indican a muchas direcciones incluidas ahí tienes las tres principales: en primer lugar una sociedad nos parece definirse menos por sus contradicciones que por sus líneas de fuga, huye de por todas partes, y es muy interesante intentar seguir en tal o cual momento las líneas de fuga que se dibujan. O el ejemplo de Europa hoy: los hombres políticos occidentales se dieron mucho mal para hacerlo, los tecnócratas, mucho mal para uniformar regímenes y Reglamentos, pero por una parte lo que corre el riesgo de sorprender, es las explosiones que pueden hacerse en los jóvenes, en las mujeres, en función de la simple ampliación de los límites (eso no es “technocratisable”), y por otra parte es bastante alegre decirse que esta Europa es ya completamente pasada antes de haber comenzado, sobrepasado por los movimientos que vienen del Este. Son serias líneas de fuga. Hay otra dirección en Mil de Mesetas, que no consiste ya solamente en considerar las líneas de fuga más bien que las contradicciones, pero las minorías más bien que las clases. Por fin una tercera dirección, que consiste en buscar un estatuto de las “Máquinas de guerra”, que no se definirían en absoluto por la guerra, pero por una determinada manera de ocupar, cumplir el espacio-tiempo, o de inventar nuevos espacios-tiempo: los movimientos revolucionarios (no se considera suficientemente por ejemplo cómo la OLP ha debido inventar un espacio-tiempo en el mundo árabe), y también los movimientos de arte son tales máquinas de guerra. Ustedes dichos que todo eso no está sin una tonalidad trágica, o melancólico. Creo ver porqué. Fui afectado muy por todas las páginas de Primo Levi donde explica que los campos nazis introdujeron en nosotros “la vergüenza de ser un hombre”. No, dicho, que seamos todos los responsables del nazismo, como se querría hacérnoslo creer, sino fuimos manchados por él: incluso los supervivientes de los campos debieron pasar compromisos, sólo sería para sobrevivir. Vergüenza que hay hombres para para ser nazi, vergüenza de no poder ni sabido impedirlo, vergüenza de pasar compromisos, es todo lo que Primo Levi llama la “zona gris”. Y la vergüenza de ser un hombre sucede también que lo probábamos en circunstancias simplemente ridículas: ante una excesiva vulgaridad de pensar, ante un programa de variedades, ante el discurso de Ministro, delante de las observaciones de órdenes-vivo. Es uno de los motivos más potentes de filosofía, lo que en realidad inevitablemente filosofía política. En el capitalismo, sólo hay una cosa que sea universal, es el mercado. No hay Estado universal, precisamente porque hay un mercado universal incluido los Estados son hogares, de las Becas. Ahora bien no es ya universalizando, homogenizando, esto es una fantástica fabricación de riqueza y miseria. No hay Estado democrático que no esté comprometido hasta el corazón en esta fabricación de la miseria humana. La vergüenza, es que no tengamos ningún medio seguro para preservar, y hacer a fortiori aumentar los pasar a ser, incluso en nosotros mismos. Cómo un grupo volverá, cómo volverá a caer en la historia, es lo que impone una perpetuo “preocupación”. No disponemos ya de una imagen del proletario del cual bastaría con tomar conciencia.

¿Cómo el pasar a ser minoritario puede ser potente? ¿Cómo la resistencia puede convertirse en una insurrección? Al leerle, estoy todavía en la duda con respecto a las respuestas que deben darse a tales cuestiones, aunque, en sus obras, encuentro siempre el impulso que lo obliga a reformular teórica y prácticamente tales cuestiones. Y con todo, cuando leo sus páginas sobre la imaginación o los conceptos comunes en Spinoza, o cuando estoy en la Imagen-Tiempo su descripción sobre la composición del cine revolucionario en los países del tercer mundo, y que entiendo con ustedes el paso de la imagen a la fabulación, al praxis político, yo casi tengo la impresión de encontrar una respuesta… ¿O me equivoco? ¿Existe pues un método para que la resistencia de los opresos pueda convertirse en eficaz y el intolerable definitivamente borrado? ¿Existe un método para que la masa de singularidades y átomos que somos presentárselo todos pueda como poder constitutivo, o al contrario, deben aceptar la paradoja jurídica según la cual el poder constitutivo no puede ser definido sino por el poder constituido?

Las minorías y las mayorías no se distinguen por el número. Una minoría puede ser más numerosa que una mayoría. Lo que define la mayoría, es un modelo al cual es necesario ser conforme: por ejemplo el Europeo medio adulto masculino que vive ciudades… Mientras que una minoría no tiene modelo, es un pasar a ser, un proceso. Se puede decir que la mayoría, esto no es nadie. Todo el mundo, bajo un aspecto u otro, tomarse en un pasar a ser minoritario que lo implicaría en vías desconocidas si se decidía seguirlo. Cuando una minoría se crea de los modelos, es porque quiere convertirse en mayoritaria, y es seguramente inevitable para su supervivencia o su hola (por ejemplo tener un Estado, reconocese, imponer sus derechos). Pero su potencia viene de lo que supo crear, y que pasará más o menos en el modelo, sin depender. El pueblo, es una minoría todavía creativa, y que lo permanece, aunque conquista una mayoría: las dos cosas pueden coexistir porque no se viven sobre el mismo plan. Los más grandes artistas (en absoluto de los artistas populistas) recurren a un pueblo, y constatan que “el pueblo falta”: Mallarmé, Rimbaud, Klee, Berg. Al cine, el Straub. El artista no puede sino recurrir a un pueblo, necesita a lo sumo profunda su empresa, no tiene que crearlo y no lo puede. El arte, es lo que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza. Pero el pueblo no puede ocuparse de arte. ¿Cómo un pueblo se crea, en qué sufrimientos abominables? Cuando un pueblo se crea, es por sus medios propios, pero para juntar algo del arte (Garel dice que el museo del Louvre, también, le contiene una suma de sufrimiento abominable), o de tal modo que el arte junte lo que le faltaba. La utopía no es un buen concepto: hay más bien una “fabulación” común al pueblo y al arte. Sería necesario reanudar el concepto bergsonnienne de fabulación para darle un sentido político.

En su libro sobre Foucault y luego también en la entrevista televisiva a la INA, propone profundizar en el estudio de tres prácticas del poder - el Soberano, el Disciplinario - y sobre todo el del Control sobre la “comunicación” que hoy está convirtiéndose en hegemónica. Por una parte esta última situación devuelve a la más alta perfección de la soberanía que afecta también la palabra y la imaginación, pero del otro, nunca tanto como hoy, todos los hombres, todas las minorías, todas las singularidades es potencialmente capaz de reanudar la palabra, y con ella, un más arriba grado de libertad. En la utopía marxienne de “Grundrisse”, el comunismo se configura precisamente como una organización transversal de individuos libres, sobre una base técnica que garantiza las condiciones. ¿El comunismo es aún pensable? ¿En la sociedad de la comunicación, es menos utópico quizá que ayer?

Es cierto que entramos en sociedades de “control”, que no son ya disciplinarias exactamente. Foucault a menudo se considera como el pensador de las sociedades de disciplina, y de su técnica principal, el encerramiento (no solamente el hospital y la prisión, pero la escuela, la fábrica, el cuartel). Pero en realidad, está uno de los primeros en decir que las sociedades disciplinarias, es lo que estamos dejando, lo que ya no somos ya. Entramos en sociedades de control, que funcionan no por encerramiento, pero por control contínuo y comunicación instantánea. Por supuesto no se deja de hablar de prisión, escuela, hospital: estas instituciones están en crisis. Pero si están en crisis, es precisamente en combates de retaguardia. Lo que se establece, a tocan, son nuevos tipos de sanciones, educación, cuidado. Los hospitales abiertos, los equipos ocupándose a domicilio, etc, ya aparecieron desde hace tiempo. Se puede prever que la educación será cerrado un medio cada vez menos, distinguiéndose del medio profesional como otro medio cerrado, pero que ambos desaparecerán en favor de una terrible formación permanente, de un control contínuo ejerciéndose sobre el obrero-alumno de secundaria o el cadreuniversitaire. Se intenta hacernos creer a una reforma de la escuela, mientras que es una liquidación. En un régimen de control, nunca se ha terminado con nada. Usted, ya hace mucho tiempo que analizó un cambio del trabajo en Italia, con formas de trabajo provisional, a domicilio, que se confirmaron desde (y nuevas formas de circulación y distribución de los productos). A cada tipo de sociedad, obviamente, se puede hacer corresponder un tipo de máquina las máquinas simples o dinámicas para las sociedades de soberanía, las máquinas energéticas para las disciplinas, la cibernética y los ordenadores para las sociedades de control. Pero las máquinas no explican nada, es necesario analizar las disposiciones colectivas cuyas máquinas no son más que una parte. Ante las próximas formas de control incesante en medio abierto, probablemente los más duros encerramientos nos parecen pertenecer a un pasado delicioso y benévolo. La búsqueda de los “universales de la comunicación” tiene de que hacernos temblar. Es cierto que, incluso antes las sociedades de control se hayan organizado realmente, las formas de delincuencia o resistencia (dos casos distintos) aparecen también. Por ejemplo las piraterías o los virus de ordenadores, que sustituirán a las huelgas y lo que se llamaba al Siglo XIX siglo “sabotaje” (el zueco en la máquina). Pregunta si las sociedades de control o comunicación no suscitarán formas de resistencia capaces de volver a dar oportunidades a un comunismo concebido como “organización transversal de individuos libres”. No sé, quizá. Pero no sería en la medida en que las minorías podrían reanudar la palabra. Quizá la palabra, la comunicación es descompuesta. Son penetradas enteramente por el dinero: no por accidente, pero por naturaleza. Es necesario un desvío de la palabra. Crear todavía ha sido otro cosa que comunicar. Lo importante, será quizá crear vacuolas de incomunicación, interruptores, para escaparse al control.

En Foucault y en el Pliegue, parece que los procesos de subjectivation estén observados con aún más atención que en algunas de sus otras obras. El tema es el límite de un movimiento continuo entre un interior y un exterior. ¿Qué consecuencias políticas esta concepción del tema tiene? ¿Si el tema no puede solucionarse en la exterioridad de la ciudadanía, puede instaurar ésta en la potencia y la vida? ¿Puede hacer posible una noticia pragmática militante, a la vez “sujetaste con el ancla” por el mundo y construcción muy radical? ¿Qué política para prolongar en la historia el esplendor del acontecimiento y la subjetividad? ¿Cómo pensar a una comunidad sin fundamento pero potente, sin totalidad, pero, como en Spinoza, absoluta?

Se puede en efecto hablar de proceso de subjectivation cuando se consideran las distintas maneras cuyos individuos o colectividades se constituyen como temas: tales procesos sólo valen en la medida en que, cuando se hacen, escapan a la vez a los conocimientos constituidos y a los poderes dominantes. Aunque más tarde generan nuevos poderes o vuelven a pasar en nuevos conocimientos. Pero, sobre el momento, tienen bien una espontaneidad rebelde. No hay allí nula vuelta al “tema”, es decir, a una instancia dotada de deberes, de poder y saber. Más bien que proceso de subjectivation, se podría hablar tan de nuevos tipos de acontecimiento: acontecimientos que no se explican por los Estados de cosas que los suscitan, o en los cuales vuelven a caer. Se levantan un momento, y es ese momento que es importante, es la oportunidad que es necesario entender. O se podría hablar simplemente de cerebro: es el cerebro que es este límite exactamente de un movimiento continuo reversible entre un interior y un exterior, esta membrana entre los dos. De nuevos frayages cerebrales, de nuevas maneras de pensar no se explican por la microcirugía, es al contrario la ciencia que debe esforzarse en descubrir lo que puede ha habido en el cerebro para que se se ponga a pensar de tal o cual manera. Subjectivation, acontecimiento o cerebro, me parece que es la misma cosa un poco. Creer al mundo, es lo que nosotros falta más; perdimos totalmente el mundo, se lo desposeyó. Creer al mundo, es suscitar pequeños acontecimientos incluso que escapan al control, o hacer tan nacer de nuevos espacios-tiempo, incluso de superficie o volumen reducidos. Es lo que llama “sujetó con el ancla”. Es en cada tentativa que se juzgan la capacidad de resistencia, o al contrario la oferta a un control. Es necesario a la vez creación y puebla.