Un pueblo que falta - Gilles Deleuze
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“Esta acta de un pueblo que falta no es una renuncia al cine político, pero al contrario la nueva base en la cual se base, por lo tanto, en el Tercer mundo y las minorías. Es necesario que el arte, especialmente el arte cinematográfico, participa en esta tarea: no dirigirse a un pueblo supuesto, ya allí, sino contribuir a la invención de un pueblo. En el momento en que el amo, el colonizador declaran “él nunca no hay pueblo aquí”, el pueblo que falta es un pasar a ser, se inventa, en los barrios de chabolas y los campos, o en los guetos, en nuevas condiciones de lucha a las cuales un arte necesariamente político debe contribuir. El autor de cine se encuentra delante de un pueblo doblemente colonizado, desde el punto de vista de la cultura; colonizado por historias venidas por otra parte, y también por sus propios mitos que se han convertido en entidades impersonales al servicio del colonizador. El propio autor no debe pues hacerse al etnólogo de su pueblo, no más que inventar una ficción que sería aún una historia privada. Permanece al autor la posibilidad de darse intercesores, es decir, de tomar personajes reales y no ficticios, pero poniéndolos ellos mismos en estado de” fictionner “” de ilustrar " “de fantasear”. El autor da un paso hacia sus personajes, pero los personajes dan un paso hacia el autor: doble pasar a ser. La fabulación no es un mito impersonal, pero no es tampoco una ficción personal: es una palabra publica, un acta del discurso por el cual el propio personaje no deja de cruzar la frontera que separaría su asunto privado de la política, y produce de las declaraciones colectivas. ”

Gilles Deleuze, Imagen-Tiempo, Ediciones de Medianoche, 1985.