| El queer: hacia una revolución de las políticas de las identidades sexuales y de la clase |
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Según Elsa Dorlin (profesor de filosofía en París I), para encontrar la genealogía del queer, es necesario comenzar por buscar en los barrios populares blacks y latinos de Nueva York en los años setenta en que se desarrollaban los ballrooms. Estos ballrooms permitían a cada una enmarañar, disfrazarse a lo largo de un podio en caso de competición, con el fin de practicar distintas “masculinidades” y “feminidades”. Estos ballrooms eran verdaderos resultados de la clase y el drag (disfraz) [1]. Demuestran que las feminidades y las masculinidades se viven como una verdadera experiencia de resultado, en el sentido de uno hacer, de una “puesta en escena”. Que el masculino y el femenino son un ejercicio de puesta en escena.
¿Somos muy de los travestiEs?
En Desorden en la Clase, Judith Butler, el profesor de Literatura comparativa y retórica a la Universidad de California-Berkeley, nos invita que considere de otro ojo el disfraz: éste no es un planteamiento cómico, o incluso patético de imitación, sino una manera parodiar a los heterosexuales, señalando las astucias que utilizan para manifestar su pertenencia a su clase [2]. Judith Butler desarrolla la idea que nuestras sociedades producen normas que garantizan una soberanía de la clase masculina y el hétérosexualité. Los hombres y las mujeres asimilan día después de día los códigos presuntos que corresponden a su clase. Según el filósofo, las prácticas sexuales minoritarias deben servir “para perturbar la norma” y para poner de manifiesto que el hétérosexualité no va sí.
En Desorden en la Clase, es la posibilidad incluso del disfraz (el drag) que constituiría la prueba que la clase sólo es ficción y resultado. Que en grados diferentes, somos todos “travestidos”. Toda clase es resultado sin original, a comenzar por la feminidad y la masculinidad. Somos todos copias sin original. Butler propone una interpretación radical del disfraz que revela implícitamente la estructura imitativa de la clase. Por consiguiente, “ser un hombre”, “ser una mujer” consiste en realizar resultados de la masculinidad y la feminidad: tales actos, tales construidos gestos, generalmente, son performatifs, en el sentido que la gasolina o la identidad que pretenden expresar son invenciones fabricadas y mantenidas gracias a señales corporales y a otros medios divagadores [3]. ¿Pero entonces, por qué se debe aún ser un hombre O una mujer?
¡Para la supresión de la mención del sexo en el estado civil!
En Francia, se podría decir que es Monique Wittig, fundadora del MLF y militante a las Tortilleras rojas, que abrió el baile queer en los años setenta. Con Monique Wittig, no hay que hombres y mujeres que constituyen la sociedad. Declara al final de una conferencia en 1978 que “las lesbianas no son mujeres”. En efecto, théoricienne de la feminismo materialista, denuncia el mito “de la mujer”, m. en cuestión el hétérosexualité como régimen político, base de un contrato social al cual las lesbianas se niegan a someterse: “La mujer sólo tiene sentido en los sistemas de pensamiento y en los sistemas económicos heterosexuales. Las lesbianas no son mujeres.”
Ya escapatorias se construyen a este sistema bipolar de clase que, arbitrariamente, distribuye los papeles y los poderes. Monique Wittig explica: “Porque el hétérosexualité es una tecnología social y no un origen natural fundadora, es posible invertir sus prácticas de producción de la identidad sexual. El pédé, la loca, el drag queen, la lesbiana, la tortillera, el camionneuse, la machota, el butch, los f2m [4], y los m2f [5], los transgenres son imposturas, las recitaciones subversivas de un código sexual falso.” (Monique Wittig, 1992). Según ella, es en este espacio de la parodia homosexual que aparecieron las primeras prácticas contrasexuales como posibilidades de una deriva radical con relación al sistema heterosexual: la utilización de los godes, el érotisation del ano y el establecimiento de las relaciones SM contractuales, entre otras cosas ejemplos.
Desde 1997, las marchas Existrans (marcha de los trans' que tienen lugar a principios de octubre) permitieron poner delante de las pretensiones trans' con, entre otras cosas, el derecho a elegir su clase, su cuerpo (incluso el cuerpo se construye), su sexo, su sexualidad sin obstáculos así como la supresión de la mención del sexo sobre el estado civil o, a la espera de, el cambio de estado civil con o sin operación (prospecto de las Panteras rosadas en 2005). Estas pretensiones, lejos ser pretensiones “particulares” o “específicas” al trans, permiten un cuestionamiento radical de las normas de clase y sexo. ¿Las cuestiones trans' no estarían en el centro del cuestionamiento de la asignación y la prescripción a la clase (debes ser una muchacha o un muchacho)? ¿Es decir, la perspectiva de supresión de la mención del sexo del estado civil no permitiría prever una crítica y un cuestionamiento radical del sistema de clase y sexo?
En la actualidad, con el grupo el TorduEs, son talleres drag que se constituyen en pequeño Comité para descubrir/vivir el drag colectivamente realmente en el espacio público con el fin de pero dudar momentaneamente de una clase y de compartir colectivamente sus impresiones sobre esta experiencia. ¿Pero la cuestión permanece, qu'est-ce qui hace nosotros a un hombre o a una mujer, y debe ser uno u otro al diario?
Es en estas prácticas militantes y en estos contextos, que las teorías queer comenzaron a germinar. Se va a intentar reanudar algunos. Afligida si el formato que sigue parece un poco escolar, pero con las académicas, el problema es que escriben bien tanto (por fin, incluir de manera tanto complicada), que se tiene deseo de dejarles expresarse para ellas mismas.
La construcción o la producción de las clases, de raza, cuerpos normales y naciones son indisociables. [6]
El black feminism trastornó enormemente los conceptos BIcategorías hombre-mujer. En efecto, éste estableció que él allí a distintas modalidades de clase siguiente el origen social y el ethnicité.
Hace ya 30 años, el black feminism quiso poner en entredicho las visiones “essentialistes” de la clase. Por mi parte, estoy seguro que hasta se podría remontarse a Sojourney Truth, este Negro americana que subrayó “Ain' t I a woman?” ¿(“No es una mujer? ”), en 1851 a una conferencia feminista. Hacía así saber, en esta conferencia, hasta qué punto los conceptos de clase y ethnicité se imbricaban en sus constituciones respectivas. Su vivido de clase de “mujer negra” lo distinguía de las mujeres blancas que ocupaban los bancos de la asamblea. No se encontraba en las pretensiones de sus colegas feministas. Mientras que estos últimos se compadecían, por ejemplo, de los informes de galanterías entre hombres y mujeres, ella desafiaban a la audiencia para precisar que nunca un único hombre sólo había colocado una chaqueta a estos pies para evitar ella va en un charco de agua y con todo, pedía: “No es una mujer?” Bien, es poco ser un rodeo histórico un poco ordinario, pero pienso que la idea del vínculo que une el vivido de mujer y las cuestiones de raza y ethnicité está bien allí.
María-Hélène Bourcier (MHB) explica en Queer Zonas que la construcción de las masculinidades y feminidades en sistemas post coloniales se encuentra al cruce incluso cuestiones de ethnicité y orígenes sociales. Conviene pues superar estas categorías binarias idénticas (hombre/mujer) que hasta pueden ocultar discursos autoritarios y reque naturalizan, y negar la multiplicidad del vivido clase.
Según MHB, “es tan cierto que uno de las grandes obras de la teoría y las políticas queer, realizado con más o menos felicidad, es intentar tener en cuenta los distintos niveles de opresión social, económica y cultural no de manera acumulativa, pero ver en que la construcción o la producción de las clases, de la raza, cuerpos normales y naciones son indisociables. Las políticas queer de las diferencias se ingenian a tener en cuenta este imperativo “de intersectionnalité” para no reproducir la obnubilación que excluye sobre un único factor de soberanía: la clase para el marxismo y las políticas dichas de izquierda, la clase para la feminismo y las políticas antisexistes, la raza/ethnicité para las políticas antirracistas. ” [7]
Además se pueden tener en cuenta las observaciones de Beatriz Preciado [8] (filósofo en París VIII) que explica cuestionar de un tema político “mujer” hegemónica (visión autoritaria que negaría las diferencias mismas en este tema) y hétérocentrique (centrado en una visión exclusivamente hétérosexuelle de la sociedad). Beatriz explica: “Reivindicándose de una esfera de influencia post feminista o queer, la Americana Teresa de Lauretis, dio Haraway o Judith Butler, la Francesa María-Hélène Bourcier, y también las lesbianas desconcertaron como Gloria Andalzua o la feminista negra Audre Lorde van a combatir la naturalización del concepto de feminidad que inicialmente había sido la fuente de cohesión del tema de la feminismo. Si las multitudes queer son post feministas, no es porque quieren o que pueden hacer sin la feminismo. Al contrario. Son el resultado de una confrontación reflexiva de la feminismo con las diferencias que éste borraba en favor de un tema político “mujer” hegemónica y hétérocentrique. ” [9] el término post feminismo registra este desplazamiento del lugar de la enunciación de un tema universal “mujer” hacia una multiplicidad de los temas situados. De Lauretis habla de una “ruptura constitutiva del tema de la feminismo” que deriva “de la no coincidencia del tema de la feminismo con las mujeres”.
En savoir_vampires@war, Beatriz Preciado explica que no se trata simplemente de tener en cuenta la especificidad racial o étnica de la opresión como una variable de más junto a la opresión sexual y clase, pero más bien de analizar los espacios de superposición entre clase, sexo y raza (el sexualisation de la raza y el racialisation del sexo) como procesos constitutivos de la modernidad sexocoloniale. La raza, la clase, el sexo, la clase, la nacionalidad… sólo existen como formando parte de una red compleja de relaciones mutuas. No se trata de añadir política homosexual, política de la clase, política antirracista… Se trata de inventar “políticas emparentadas” (Avtar Brah, 1996), de crear “estrategias de intersectionnalité político” (Kimberly Crenshaw, 1996) que desafían los espacios de “cruce de las opresiones”, - de interlocking opresiones (Bonito Hooks, 2000).
Queeriser la feminismo: ¿“Nosotros” de las mujeres?
Beatriz Préciado habla de dados-definición al tema (mujer por ejemplo) y prefiere los conceptos “de identidades estratégicas”. La política de las multitudes queer surge pues de una posición crítica con relación a los efectos que normalizan y disciplinarios de toda formación idéntica: no hay base natural (“mujer”, “gay”, etc) que pueda legitimar la acción política. Surgen de las tortilleras que no son mujeres, pédés que no son hombres, trannies (trans, trav') que no son ni hombre ni mujer. Beatriz Preciado sigue: “A este respecto, si Wittig fue vuelto a invertir por las multitudes queer, es precisamente porque su declaración según la cual “las lesbianas no son de mujeres.” es un recurso que permite contradecir, por la dado-definición, la exclusión de la identidad lesbiana como condición de posibilidad de la formación del tema político de la feminismo moderna. ” [10]
Además, lo que está en juego para Beatriz Preciado, son los desvíos de las tecnologías del cuerpo. Según ella, los cuerpos de la multitud queer son también réappropriations y desvíos de los discursos de la medicina anatómica y la pornografía, entre otras cosas, que construyó el cuerpo straight (hétéronormé) y el cuerpo que desviaba modernos. La multitud queer sólo tiene hacer el “tercer sexo” o el “más allá de las clases”. Se hace en la apropiación de las disciplinas de conocimientos/poderes sobre los sexos, en el réarticulation y el desvío de las tecnologías sexopolitiques precisas de producciones de los cuerpos “normales” y “que desvían”. Beatriz explica que, en comparación con las políticas “feministas” o “homosexuales”, la política de la multitud queer no se basa en una identidad natural (hombre/mujer), ni en una definición por las prácticas (hétérosexuelles/homosexuales) pero en una multiplicidad de los cuerpos que se elevan contra los regímenes que los construyen como “normales” o “anormales”. El sissy boy (el muchacho afeminado), el drag king, el drag queen, la mujer butch (mujer masculina), los cuerpos transgenres, los intersexes, estos “fracasados” ejemplares, están incluidos en el performativité queer y muestran bien el pseudonaturalité del sistema sexo/clase.
Para terminar, no se puede olvidar mencionar la llamada de María-Hélène Bourcier a queeriser la feminismo en su libro Queer zonas 2. En efecto, considera daño que el concepto de “discriminación de clase” no se refiere hasta a las mujeres excluyendo otros tipos de discriminación de clase (por ejemplos, las discriminaciones que sufren los transgenres, transsexuelles…). María-Hélène Bourcier va precisamente a intentar demostrar la exclusión de las otras clases que implica una visión restrictiva, dualista y que sedimentan precisamente formulaciones como “la opresión de las mujeres” o “soberanía masculina”. ¡Aquí aún de que discutir! Para María-Hélène Bourcier, siempre, la localización de la soberanía en los hombres tiene por contrapartida de renaturaliser la mujer.
Así pues, la post feminismo queer puede servir para destacar las fechorías de un enfoque hétérocentrée o incluso eurocentrée y que suma de la “soberanía”. Este enfoque es renaturalisante a menudo y devuelve una visión binaria de las clases (lo que implica la exclusión de las lesbianas masculinas, de los butchs y cuestiones de racismo y clasifica).
Aquí en cualquier caso debates que no dejarán de interesarnos para el próximo tiempo. No puedo sino devolver una vez más al encuentro entre el Furioso Fallopes (grupo de mujeres y lesbianas no mixto) y el colectivo Existrans' (marcha de los trans') que es especialmente interesante en cuanto a política de coalición.
Puck
[1] no faltan a este respecto el documental París is Burning de Jennie Livingston (1990).
[2] Le Monde, “Judith Butler, filósofo de otra clase”, [[1 de septiembre de 2004.
[3] María-Hélène Bourcier, Queer zona 1.
[4] Mujer hacia hombre.
[5] Hombre hacia mujer.
[6] Activista queer y sociólogo, María-Hélène Bourcier enseña a la Universidad de Lille III y de París VIII. Es el autor de Queer Zonas, políticas de las identidades sexuales, de las representaciones y conocimientos y tradujo el Manifiesto ContradecirSexual de Beatriz Preciado. Fundó a la asociación queer el Zoológico cuyo objetivo es desarrollar reflexiones y contradiscursos sobre las sexualidades y las clases. El Zoológico publicó Q como Queer por primera vez en 1999 cuya edición hace este año.
[7] Bourcier, María-Helene. ¡“Post gay, la política queer descarga! ”, publicado en el suplemento “especial queer” de las Cartas francesas en lo inhaló.
[8] Nacida en España, este filósofo vive entre los Estados Unidos y Francia. Miembro del grupo el Zoológico en París y profesor a la universidad París VIII, trabaja sobre la teoría de la arquitectura a la Universidad de Princeton. Autor del Manifiesto contradecirsexual, dirige el proyecto de investigación y producción artística “Tecnologías de la clase” al MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona). Es también miembro del Comité de redacción del estudio Multitudes.
[9] Preciado, Beatriz, “Multitudes queer: para una política de los anormales”, Multitudes, puesta en línea en marzo de 2003.
[10] OP. cit



