Luchas feministas - Películas de lucha
Cuando se han apoderado de la cámara
al cine el Méliès
Sesión en presencia de Dominica Peluquero, Josiane Joüet y Hélène Fleckinger (historienne del cine feminista de los años 70).
de Soazig Chappedelaine
(en colaboración con René Vautier) (67 `, 1977)
“Luchas trabajadoras. 1975: fábrica Tréfimétaux, a Couëron, suburbio de Nantes. Una huelga clásica al principio, para apoyar las pretensiones salariales. Lucha donde las mujeres “tomaron la cólera” ocupando a la oficina del director que se negaba a recibirlas. Denuncia, pleito para secuestro… El bloqueo de la dirección, más la tenacidad de los asalariados, darán un año de lucha excepcional y ejemplar, que movilizará la solidaridad en toda la aglomeración de Nantes - San Nazario. ”
Narrant la valiente acción de solidaridad de las mujeres con los huelguistas de la fábrica y la aparición de una toma de conciencia colectiva, a la vez feminista y trabajadora, la película de Soazig Chappedelaine se hace también una habitación de eco sensible a las aspiraciones de las doce mujeres acusadas, mencionando los motivos del amor en su confrontación con el trabajo y la vida trabajadora y la búsqueda de una emancipación sexual en su informe con la lucha de clases.
de Dominica Peluquero, Josiane Joüet y Louise Vandelac
(30 ', 1977)
“Conocer su cuerpo con otras mujeres para vivirlo mejor y controlarlo”: tal fue el tema central de los Encuentros internacionales de los Centros de salud para mujeres, que reunieron en Roma en junio a 1977,300 mujeres y, en particular, al colectivo de Boston, autor del manual feminista pionero “Our bodies, ourselves”.
A nuestra salud describe las prácticas “autosanté de” colectivas, que constituyeron lo que está en juego fundamentalmente para el movimiento feminista. Adoptando una actitud crítica respecto a la autoridad médica y su metodología a menudo sexist, numerosas luchas se organizó en torno al réappropriation del cuerpo y la sexualidad de las mujeres por ellas mismas.
A nuestra salud se inscribe en la raza de las películas militantes de los años 70 que hicieron del vídeo el apoyo privilegiado para popularizar y acompañar las luchas, medio especialmente propicio por plantearse a la vez en contrapoder ante el monopolio de los medios de comunicación tenidos por los hombres y vector flexible y familiar de una “búsqueda de identidad individual y colectiva”, creando “en la práctica política la puesta en común de la experiencia personal de las mujeres, vergonzosamente relegada en el ámbito de la vida privada y el caso concreto, en el contexto de la ideología dominante” constituyendo así una real “práctica audiovisual autónoma de las mujeres”, como lo recuerda oportunamente Hélène Fleckinger en es con el vídeo que nos diremos, 2005.
Textos: KQ&AI





